El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) es un trastorno de origen neurobiológico que afecta aproximadamente al 5% de la población en edad escolar.

Se caracteriza por los síntomas de:

  1. Desatención (incapacidad de resistirse a estímulos irrelevantes, lo que dificulta su concentración durante mucho tiempo y, por tanto el mantenimiento del “trabajo consistente” en una tarea, por un periodo de tiempo más o menos largo).
  2. Hiperactividad (alto nivel de actividad motora)
  3. Impulsividad(dificultad de autocontrol en sus emociones, pensamientos y conductas), que se presentan con mayor intensidad y frecuencia de lo esperado para su edad y nivel de desarrollo, de tal forma que interfieren de manera negativa en su aprendizaje y/o comportamiento.

Estos síntomas pueden manifestarse conjuntamente o bien predominar solamente uno de ellos. El TDAH no siempre cursa con hiperactividad

Una de las dificultades del TDAH es que, con una elevada frecuencia, se presenta acompañado de uno o más trastornos. Por lo tanto, es frecuente que la persona afectada por TDAH presente además el siguiente perfil:

  1. TDAH y dificultades de aprendizaje (dificultad en el aprendizaje de las matemáticas (DAM), de la escritura, de la lectura (DL), dislexia).
  2. TDAH y problemas perceptivo motores (deficiente coordinación motora y motricidad fina).
  3. TDAH y trastornos del estado de ánimo (depresión y/o ansiedad).
  4. TDAH y trastorno negativista/desafiante (conducta oposicionista).
  5. TDAH y conductas agresivas (conductas agresivas-defensivas, de carácter más bien impulsivo que se producen como una respuesta desmedida a lo que el niño interpreta como una provocación o un ataque).

El grado de dificultad que los niños y jóvenes con TDAH  presentan depende de:

  1. La gravedad de la disfunción neurológica de fondo,
  2. La convivencia  (o comorbilidad) con otros trastornos,
  3. El ajuste emocional y la autoestima,
  4. El grado en el que la educación recibida pueda influir en la moderación de los síntomas.

El TDAH es uno de los trastornos más sensibles a la acción educativa del entorno, (principalmente familia y escuela). Por ello, una detección temprana (desde la familia o la escuela), un diagnóstico correcto y un buen manejo psicopedagógico, médico y familiar del TDAH favorecerán el buen pronóstico del niño afectado.

¿CUÁLES SON LOS SÍNTOMAS DE LOS NIÑOS Y JÓVENES CON TDA-H?

De acuerdo al DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), los síntomas pueden ser de desatención, hiperactividad  e impulsividad.

Desatención

- No presta atención a los detalles o incurre en errores por descuido en tareas escolares o de otro tipo.
- Tiene dificultades para mantener la atención en tareas o actividades lúdicas.
- Parece no escuchar cuando se le habla directamente.
- No sigue instrucciones y no finaliza sus tareas o encargos (no se debe a comportamientos negativistas o incapacidad para comprenderlos).
- Tiene dificultades para organizar tareas y actividades.
- Evita o le disgusta tener que dedicarse a tareas que requieren esfuerzo mental sostenido.
- Extravía objetos necesarios para tareas o actividades.
- Se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes.
- Es descuidado en las actividades diarias.

Hiperactividad

- Mueve en exceso manos o pies, o se remueve en su asiento.
- Abandona su asiento en la clase o en otras situaciones en que debería estar sentado.
- Corre o salta excesivamente en situaciones inapropiadas (en adolescentes puede limitarse a sentimientos de inquietud).
- Tiene dificultades para jugar o dedicarse a situaciones de ocio.
- “Está en marcha” o actúa como si tuviera un motor.
- Habla en exceso.

 Impulsividad

- Precipita respuestas antes de haber sido completadas las preguntas.
- Tiene dificultades para guardar turno.
- Interrumpe o se inmiscuye en actividades de otros.

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